Desde el aula Heyricmar Jiménez apuesta por la formación en folklore
La bailarina venezolana Heyricmar Jiménez afirma que la enseñanza de la danza folklórica va más allá de movimientos técnicos, enfocándose en la identidad cultural de los estudiantes.
Únete al canal de Whatsapp de El Popular- Confirmado | Exigen el retiro urgente de este pescado de los supermercados por ser un riesgo mortal para la población
- ALARMA en Walmart: ICE se burló y arrestó a padre de familia que huyó de la guerra de Ucrania hacia EE.UU.

La bailarina venezolana Heyricmar Jiménez considera que enseñar danza folklórica puede parecer, desde afuera, un ejercicio técnico. Se corrigen movimientos, se repite una secuencia hasta que todos estén sincronizados, se ajusta la postura, el ritmo y la energía. Sin embargo, para la artista el proceso va mucho más allá de eso. Cuando habla de su experiencia como formadora, su explicación no empieza con los pasos ni con la coreografía. Empieza con algo distinto.
“La danza es mucho más que una serie de movimientos”, dice Heyricmar Jiménez. “Para mí es una forma de ayudar a que las personas comprendan su identidad cultural”, agrega.
A lo largo de su trayectoria, Jiménez ha trabajado con estudiantes en distintos contextos formativos, especialmente con niñas y jóvenes que se acercan a la danza folklórica por primera vez. Durante varios años participó en procesos de enseñanza vinculados al Ateneo Popular de Guanare, el mismo espacio donde comenzó su formación artística siendo niña. Allí no solo interpretaba repertorio tradicional, también colaboraba en procesos de aprendizaje y montaje coreográfico con nuevas generaciones de bailarines.
En esos espacios el objetivo no se limita a preparar una presentación o aprender una técnica determinada. Lo que busca es algo más profundo: que los estudiantes entiendan que cada baile forma parte de una historia.
“Cada coreografía refleja tradición y patrimonio. Cuando alguien aprende a bailar joropo o tambor, no solo está aprendiendo pasos. Está entrando en contacto con una parte de la cultura de su país”, explica.
Ese enfoque cambia completamente la manera en que se vive el proceso de aprendizaje. Los ensayos dejan de ser solo un ejercicio de repetición. Se convierten en momentos donde los estudiantes empiezan a descubrir el significado de los ritmos, los gestos y los movimientos que interpretan.
Con el tiempo, esa mirada la llevó también a desarrollar herramientas pedagógicas propias. Dentro de sus procesos de enseñanza comenzó a aplicar lo que denomina Técnica de Segmentación Evolutiva Coreográfica, una metodología que divide el aprendizaje de una coreografía en etapas progresivas para que los estudiantes comprendan con mayor claridad la estructura del movimiento y su relación con la música.

PUEDES VER: HORROR en Walmart | Hombre es acusado de apuñalar a un trabajador del reconocido supermercado: ¿Qué ocurrió?
Más adelante integró otro enfoque complementario, la Técnica de Integración Rítmica Comunitaria, orientada a fortalecer la participación colectiva y el aprendizaje del ritmo dentro de grupos de formación. En lugar de centrarse únicamente en la ejecución individual, este método busca que los estudiantes comprendan la danza como una experiencia compartida.
En ese camino, hay aprendizajes que no siempre se ven desde el público. Uno de ellos es la disciplina. La danza exige constancia, atención y paciencia. Los movimientos que parecen naturales en escena muchas veces son el resultado de horas de ensayo.
Pero hay otros cambios que también aparecen con el tiempo. “A través de la danza los estudiantes desarrollan confianza en sí mismos. También aprenden a trabajar en equipo, a escuchar al grupo, a asumir responsabilidades dentro de una presentación”, comenta Jiménez.
En muchos casos ese proceso ocurre de manera gradual. Algunas alumnas llegan a sus primeras clases con timidez o inseguridad. Poco a poco, a medida que avanzan los ensayos, empiezan a sentirse más cómodas con el movimiento y con el escenario. Para quien enseña, observar esa evolución forma parte del sentido del trabajo.
“Lo más importante no es solo que aprendan una coreografía. Lo importante es que descubran que pueden expresarse, que pueden conectar con su cultura y que pueden compartir eso con otras personas”, afirma.
Ese enfoque también se reflejó en iniciativas comunitarias en las que participó durante varios años en Guanare, trabajando con niños, jóvenes y familias en programas de formación cultural. Incluso durante el periodo de confinamiento provocado por la pandemia, Jiménez continuó desarrollando actividades formativas a través de clases virtuales, buscando mantener activo el contacto de los estudiantes con la música y la danza tradicional.
Para ella, esas experiencias confirman que el folklore sigue siendo una herramienta poderosa para fortalecer el sentido de comunidad. “Cuando enseñamos danza folklórica estamos ayudando a mantener vivas ciertas tradiciones. Los estudiantes se convierten en portadores de ese conocimiento”, manifiesta la experta.
Esa transmisión no ocurre de forma rígida. La danza, como toda práctica cultural, también se transforma con el tiempo. Pero el vínculo con las raíces permanece.
Por eso insiste en que el proceso formativo debe ir más allá de lo técnico. “Mi intención es que los estudiantes no solo aprendan a bailar bien. También quiero que desarrollen respeto por la cultura que están representando”, dice.
En ese punto la danza deja de ser solo un ejercicio artístico y se convierte en una herramienta de formación personal. La práctica del movimiento, la música y el trabajo colectivo terminan generando un espacio donde se fortalecen valores como el compromiso, la creatividad y la responsabilidad.
Jiménez lo resume de una forma sencilla: “La danza puede transformar la manera en que una persona se ve a sí misma. Y también puede ayudar a que una comunidad valore su propia cultura”.
Tal vez por eso quienes enseñan folklore suelen hablar del escenario como algo que empieza mucho antes de la presentación final. Empieza en la sala de ensayo, en el momento en que un grupo de estudiantes descubre que cada paso tiene una historia detrás.
Editor general de la web del Diario Líbero. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la USMP con especialización en Marketing Digital, Gestión de Redes Sociales y Redacción Digital. Cuento con 8 años de experiencia en los medios digitales más importantes del país. Apasionado por el fútbol, la música y el freestyle.














