
El jamón del desayuno, la salchicha del hot dog o el tocino del fin de semana suelen parecer inofensivos. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) revisó la evidencia científica internacional y confirmó que las carnes procesadas pertenecen al Grupo 1 de agentes carcinógenos, una categoría reservada para aquellos con pruebas concluyentes de que aumentan el riesgo de cáncer, especialmente el cáncer colorrectal.
Este anuncio no busca generar miedo, sino abrir una conversación necesaria sobre lo que ponemos a diario en nuestro plato y cómo pequeñas decisiones pueden marcar una diferencia en nuestra salud.
La nutricionista Jessica Huamán explicó que: “Las carnes procesadas incluyen productos como jamón, salchichas, embutidos, tocino y otros derivados cárnicos sometidos a procesos de curado, salado, ahumado o adición de conservantes. Durante estos procesos se generan compuestos químicos que, consumidos de manera frecuente, pueden dañar el ADN y aumentar el riesgo de enfermedades crónicas no transmisibles, dato importante considerando que en Perú el 40.1 % de las personas de 15 y más años presenta al menos una comorbilidad como obesidad, diabetes mellitus o hipertensión”.
Es decir, no se trata solo de la carne, sino de cómo se transforma antes de llegar a la mesa.

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La OMS ubica a las carnes procesadas en el Grupo 1 de agentes carcinógenos, junto a otros factores que cuentan con evidencia científica sólida sobre su relación con el cáncer.
Huamán aclaró que esta clasificación: “No busca generar alarmismo, sino brindar información clara y basada en ciencia para orientar decisiones individuales y colectivas”.
El objetivo es que las personas comprendan mejor los riesgos asociados al consumo frecuente y puedan tomar decisiones informadas en su alimentación diaria.
La especialista precisó que el enfoque no es prohibitivo, sino preventivo: “No se trata de prohibir alimentos, sino de entender que su consumo frecuente aumenta riesgos reales. Reducir las carnes procesadas y priorizar alimentos frescos y mínimamente procesados es una medida de prevención clave, especialmente en un país con alta prevalencia de enfermedades crónicas”.
En ese sentido, el mensaje apunta a la moderación y al equilibrio, más que a eliminar por completo ciertos productos.
Huamán también remarcó que la forma en que comemos no depende solo de la voluntad individual: “La alimentación no es solo una elección personal. Está condicionada por la oferta, la publicidad y el acceso. Por eso es fundamental fortalecer políticas que protejan el derecho a una alimentación adecuada y reduzcan la exposición cotidiana a productos que dañan la salud”.
Esto significa que el entorno, los precios, la disponibilidad y la información influyen directamente en lo que llega a nuestras mesas cada día.
Finalmente, la especialista compartió una serie de pautas prácticas para quienes buscan cuidar su alimentación sin complicaciones:
La información brindada por la OMS y los especialistas busca que las personas conozcan mejor lo que consumen y cómo ciertos hábitos se relacionan con la salud a largo plazo. Entender qué son las carnes procesadas, cómo se elaboran y por qué su consumo frecuente está asociado a riesgos permite mirar el plato con más conciencia y cercanía hacia el propio bienestar.
Periodista especializada en actualidad y tendencias. Bachiller en Periodismo en la Universidad Jaime Bausate y Meza. Redactora en Popular. Interesada en temas relacionados con actualidad nacional e internacional, virales en tendencia y más.