Rocío Oyanguren: "Todo lo que sueño, lo hago realidad"

Segunda de cuatro hermanos, a Rocío Oyanguren parece faltarle tiempo para terminar de sacarle la vuelta al mundo adverso en el que creció. De papá mecánico, su madre hizo cuanto pudo para evitar que sus vástagos sean devorados por la delincuencia y el malvivir. Dueña y líder de Comunicación Activa, Rocío destaca en el rubro de las relaciones públicas. “Empezamos de la nada. Ahora no hay forma de que nos tumben, así venga un monstruo de afuera”. Vencer monstruos, ella sabe cómo.

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Antonio OrjedaFotos: GSSegunda de cuatro hermanos, a Rocío Oyanguren parece faltarle tiempo para terminar de sacarle la vuelta al mundo adverso en el que creció. De papá mecánico, su madre hizo cuanto pudo para evitar que sus vástagos sean devorados por la delincuencia y el malvivir. Dueña y líder de Comunicación Activa, Rocío destaca en el rubro de las relaciones públicas. “Empezamos de la nada. Ahora no hay forma de que nos tumben, así venga un monstruo de afuera”. Vencer monstruos, ella sabe cómo.—¿Por qué es tan acelerada?—Esa es una pregunta que no sé cómo responder… A veces siento que tengo que comerle tiempo a la vida. En la primera parte de mi vida me hubiese gustado hacer más cosas, solo que no tuve los recursos ni las posibilidades.—Creció en Piñonate, barrio bravo...—Drogas, prostitución, delincuencia. Viví en una casa de adobe.—Segunda de cuatro hermanos, ¿cómo explica que ninguno haya sido influenciado por ese mundo?—Se lo debemos a mi madre.—Una mujer recia...—Demasiado… Ahora que soy mamá, si bien no la justifico, la entiendo. Ella tuvo que ser así para poder proteger a sus cachorros, porque imagínate salir de tu casa y tener a un tipo fumando en tu puerta. Ella vivía con la angustia, porque era imposible no alternar con esa gente.—Sus padres se separaron cuando tenía 10 años...—No podría decirte si se separaron, porque nunca tuve claro si estuvieron juntos. Mi papá entraba, se iba, volvía… Era un caos. Soñaba con salir, cerrar ese círculo.—En secundaria su padre los puso en un colegio particular. Al segundo mes ya no tenía para pagarlo. Usted habló con el director, le planteó atender a sus hijos acambio de que los deje estudiar, a usted y a sus tres hermanos...—Era la única salida. Era súper aplicada, siempre la número uno; y como tenía bonita letra y entonces los registros se llenaban a mano, le plateé llenar las actas. Aceptó, pero se aprovechó de la situación y –con mi hermano Percy– terminamos limpiando el colegio. Es una de las cosas que recuerdo con dolor, porque yo era chica.—¿Qué edad tenía?—Doce años. Mi hermano tenía 10, y cargar las carpetas de madera era ¡horrible! También nos mandaba a hacerle las compras al mercado de Caquetá. ¡Era un abuso! Pero esas trabas hicieron de mí lo que ahora soy.—Su mamá le sugirió estudiar Periodismo.—Yo no tenía pensado qué quería hacer de mi vida. Lo único que quería, era salir de Piñonate.QUERÍA GANAR DINERO—Antes, a los 17 fue cajera en Oechsle...—Entonces solo pensaba en ganar dinero para llevar algo a casa. No pensaba en una profesión, pero fue mi mamá –como yo siempre ganaba los concursos de oratoria, de redacción, de todo lo que tuviera que ver con letras– quien me planteó estudiar Periodismo. Yo ni sabía qué era eso, pero pensé: “Si no tomo esto, más adelante no me van a ofrecer nada ¡y se me pasó la oportunidad!”. Así que lo tomé. En paralelo salió un aviso para estudiantes de cuarto ciclo, para que postulen al diario El Nacional, y yo, de pura avezada –no sé de dónde, porque yo no era así–, me presenté.—La eligieron entre más de 200 postulantes...—No lo podía creer. Yo además era cajera, aunque part time.—Ahí cambió su vida...Dejé de ser la niña tímida que creció encerrada, llena de ilusiones. Fue como si me hubieran abierto la puerta y dicho: “Rocío, mira todo lo que tienes por descubrir. ¡Cómete el mundo!”. Y desde entonces vivo acelerada. Todo lo que sueño, lo hago. Mis hermanos dicen que estoy loca (ríe)…—¿Ha valido la pena tanta sacada de mugre?—Sí, porque descubrí una parte desconocida de mí. Eso no tiene valor. Había salido de mi casa, tenía amigos, me relacionaba con gente, me daba cuenta de que podía hacer muchas cosas. Descubrí a una persona que yo no conocía en mí, porque hasta entonces no me habían dado la oportunidad.—Comunicación Activa, su empresa, es consecuencia de ello. Siendo periodista comenzó a apoyar a Coca Cola en la difusión de ciertos temas. Llegaron más clientes, dirigió las Comunicaciones de la Copa América que se jugó aquí (2004), lo hizo tan bien que la FIFA la contrató como asesora...—Sí.POSPUSO MATERNIDAD—Ha sido madre por primera vez a los 38 años. No ocurrió antes por temor a que ello fuese a frenar a la mujer que se quería comer el mundo.—Sí, era mi gran temor; y fue una de las razones de mi divorcio. La persona con la que estaba casada anhelaba tener hijos, pero yo, en ese momento, era un monstruo: “¡No me detengas! Tengo que comerme el mundo, y no voy a dejar pasar ¡ninguna oportunidad!”. De repente fui egoísta, pero era mi momento; y pospuse, pospuse y pospuse el hecho de ser madre.—Hoy tiene 46, tiene dos hijos y más bien ha descubierto que el ser madre la ha hecho aún más productiva...—¡Sí! Los sueños que he logrado, los que me han hecho más feliz, no necesariamente han tenido que ver con lo económico, sino con proyectos personales; los he concretado después de los 38. Cuando creía que podían ser un freno, he descubierto que mis hijos son un motor. He logrado más cosas. ¡Es una locura!—Como jefa, es mandona. ¿Le viene de su madre?—¡Por supuesto! Mi mamá ha sido mandona toda su vida. Lo que ocurre, es que yo sé cómo usar esta forma de ser. Trato de hacerlo bien, no a la mala. Soy afanosa, jodida, vehemente, ¡todo lo que tú quieras! Pero me gusta todo en regla. Hay cosas que no son negociables: los valores, por ejemplo.

UNA VIDA NORMAL

—¿Cómo reaccionó su esposo cuando supo su historia?—Me admiró por lo que había logrado.—¿Qué dice hoy su mamá?—Acepta que fue muy dura conmigo. Llegado un momento, arrojó a mis hermanos a mis brazos, ya grandes.Un vecino nos llevó, con nuestra ropa en costales, sin rumbo… Me los llevé a Los Olivos y de inmediato puse reglas porque ya estaban tomando otros caminos. Mi mamá ya no tenía control sobre ellos. Imagino que fui su última salida. Tomé un cuarto, compré colchones, una cocinita, y puse reglas: Mónica volvió a estudiar Educación Especial, Percy regresó a la universidad, y Miguel empezó a trabajar.Fue una época linda, en realidad, porque recuperé a mis hermanos y retomamos una vida normal.

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