¿Quién está detrás?
Únete al canal de Whatsapp de El PopularEl tío Guaracha es de aquellos que no se callan nada. “Ya pe, Luchito, si todos saben que los empresarios están detrás de la ley pulpín, no les cuesta nada hacer una chancha y contratar revoltosos para que se enfrenten a la policía y tumben la marcha”, me dice muy enojado.
“Te lo digo así, porque me da bronca que por unos cien vándalos, la policía haya dispersado como caballos a los miles de muchachos que estaban tranquilos en la Plaza San Martín, ahí estaba mi hijo con sus compañeros de la universidad. Esos no matan ni una mosca”, asegura.
El Ñaño, que suele ser el más reflexivo, le pide que tome las cosas con calma. “Esto se veía venir”, le dice.
“Y que se pondrá peor. Pero analicemos, ¿cuál cree que es el mensaje? El gobierno sabe que la mayoría de manifestantes son muchachos como su hijo, tranquilos pero conscientes. Con esa represión les han metido miedo. La Comisión Permanente del Congreso debatirá esa ley el 28 de este mes, era muy probable que la quinta marcha sea uno o dos días antes. Pero ahora habrá temor de salir a las calles. Habrá más infiltrados. Se está utilizando el miedo”, argumentó.
El Colorao que había escuchado con atención, lanza su opinión.
“Vi las imágenes por un canal. Estaba claro que había gente que no tenía nada qué hacer en la marcha. ¿Por qué la policía no rodeó a esos violentos en el cruce de Abancay y Colmena? Allí acababa todo y los detenía. Así se hubiera sabido quiénes están detrás de la violencia”, dijo.
“Franco, franco, que este bolondrón ha estado ‘armani’. Me pareció alucinante que hasta helicópteros salieron a sobrevolar el centro de Lima. Es la primera vez que veo eso. Han querido dar la imagen de que los chiquillos estaban yendo a la guerra. Pero, así nadie habla de Belaunde Lossio, tampoco del espionaje a los políticos de la oposición ni del sencillo que nos van a arrojar a los fonavistas”, asevera el tío Guaracha.
“Están buscando un muertito. No sé si el gobierno para culpar a los políticos. No sé si los políticos para culpar al gobierno. Tenemos que cruzar los dedos para que no pase nada qué lamentar”, dijo el Ñaño. Y todos quedamos callados un rato.
Nos habíamos reunido para pelotear y el tema previo mientras nos cambiábamos no podía ser otro que los disturbios en la marcha. La preocupación es legítima.
Solo dije: “Si el presidente no quiere que se enrarezca más el ambiente, debe derogar la ley”. Sería un buen gesto político, ¿no?
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