La mala educación

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La educación va a cambiar realmente el día que deje de ser un botín para los gobiernos de turno. Cambiará, cuando la mentalidad del magisterio deje de estar influenciada por quienes viven esperando ganar como gerentes, para recién ponerse a trabajar.

Últimos en el ránking de matemáticas, ciencia y comprensión lectora. Es para llorar. Solo hay que pedirle a los políticos que no opinen en este tema. Que tengan un poco de vergüenza. Estos resultados no son producto de ahora, sino de una inexistente política de educación. Mal harían culpándose entre ellos. Lo voy a decir con mayúsculas: TODOS LOS POLÍTICOS TIENEN LA CULPA.

La razón es sencilla. Siempre han creído que cambiando de nombres a las cosas, solucionarán el problema de fondo. Y nos ha ido peor. Porque mientras presentan pomposamente sus “grandes innovaciones”, van haciendo ingresar al magisterio a mucha gente sin preparación para que tenga a cargo el futuro de los niños. Me contaba un profesor que en la época del fujimorismo muchos “oportunistas” que ya enseñaban obtuvieron su cartón estudiando cursos de “especialidad” durante tres vacaciones. O sea, ese tiempo suplantaba los cinco años que otros colegas habían estudiado en una universidad.

Con Toledo algo subió el sueldo, pero nunca se preocupó por el manejo curricular. Alan García, con el pretexto de que no hay suficientes profesionales de la educación, abrió otra vez las puertas a otros “profesionales”. Olvidando que un docente debe conocer también de pedagogía y didáctica.

En este gobierno, la primera ministra de Ollanta, le abrió los brazos al Sutep. Un sindicato que puede haber hecho mucho por el profesorado, pero poco por la educación. Las reglas cambiaron. Los nombrecitos para llamar a cada cosa, también. Muchos docentes valiosos se fueron por la puerta falsa.

Nuestra educación ha pisado fondo porque a ningún gobierno le interesa. Y en el Congreso, desde la época del fujimorismo hasta hoy, hay varios legisladores cuyo negocio son las academias preuniversitarias y las universidades privadas.

A nadie le importa el nivel de la educación primaria y secundaria. Los chicos salen con tantas deficiencias que las academias son una necesidad para acceder al siguiente paso. Y como la competencia para llegar a una universidad de nivel es muy complicada, se van a estudiar a las particulares donde el nivel académico es sospechoso.

Los únicos felices son los que se llenan los bolsillos a nombre de la educación que no brindan y que nadie vigila. Por eso, estamos como estamos. 

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