Día del Padre: Mañana es un gran día
Mañana es elDía del Padre. En el colegio de mis chibolos, no hubo actuación. El menor le preguntó al profesor por qué no se organizaba una celebración como sucede en elDía de la Madre. “Es que es totalmente diferente, pues alumno. A los hombres no nos gustan esas cosas. Nos parecen cursis. Además, la mayoría trabaja. Si los invitamos, nadie viene”, le dijo a modo de respuesta.
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Mañana es el Día del Padre. En el colegio de mis chibolos, no hubo actuación. El menor le preguntó al profesor por qué no se organizaba una celebración como sucede en el Día de la Madre. “Es que es totalmente diferente, pues alumno. A los hombres no nos gustan esas cosas. Nos parecen cursis. Además, la mayoría trabaja. Si los invitamos, nadie viene”, le dijo a modo de respuesta.
Creo que la poca valoración de esta fecha tan especial, está en nuestra forma de ver las cosas. Aplaudo que se celebre el segundo domingo de mayo. Las madres son el reflejo más perfecto de Dios. Deberían recibir homenajes siempre. Pero los papás también merecemos un espacio de festejo. Sobre todo en estas épocas en que los niños crecen deshumanizados, sin admirar a sus mayores, sin que se les aliente la buena costumbre de exteriorizar su cariño a los papás. Y esto último, no es cursi.
Un niño que no admira a su padre, que no le dice que lo quiere, que no lo abraza todos los días, será un adolescente tímido. O, lo que es peor, será un jovenzuelo rebelde que pierde el respeto a las personas mayores y que no acepta que a su progenitor le asiste mantener el principio de autoridad. La casa le resultará una cárcel y la calle, una selva de cemento en la que puede sucumbir.
“Te estás poniendo muy filósofo, Luchito. ¿Qué?, ¿te has comido un libro de sicología?”, me pregunta el Colorao. A él no le puedo decir nada. Porque sé que su procesión va por dentro. Su esposa se fue a provincias con sus dos pequeños cuando descubrió que mi amigo le había sido infiel con una viuda millonaria.
“Daría mi vida por pasar mi día con ellos. Pero no se puede. Por suerte, mi chola ya no está tan molesta. Me ha dicho que me vaya para su tierra a pasar unos días. Quizá me reconcilie, pero primero voy a darme mi lado, pe Luchito. No voy a ser tan fácil”, me cuenta siempre tratando de parecer alegre, que todo le resbala. Pero lo conozco.
Padres hay de todo tipo. También están aquellos que perdieron a sus hijos, como los de Ciro o Walter Oyarce. A padres como ellos, todo mi apoyo.
Y los hay como el mío, que está en el cielo. Para ellos, siempre habrá una oración y un lugar en el corazón. Porque llega un momento en la vida que uno deja de ser hijo, pero nunca deja de ser padre. No tendremos actuaciones ni sorteos de canastas de víveres, pero nuestro día también es especial.
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