El verano invita a mirar más allá de una linda figura o sonrisa. Es la estación que también nos pone mucho más sensibles. Una tarde de sol es la alegría más grande en el alma más sola.
A veces los rayos que más iluminan a un ser humano no salen necesariamente de día, sino a cualquier hora. Pueden llegar de noche, sigilosos, traviesos, acompañados de una música ligera del recuerdo con sabor a mujer.
Es la mejor época del año. Provoca solo pasarla bien. Olvidar problemas y sumergirse en una espiral de buena onda. Disfrutar la vida en cada rinconcito. Contemplar la belleza de al lado. Mirar más a los ojos. Sentirse vivo.
El domingo no trabajé. Salí de casa con mi carrito a hacer compras y vi a chicas bellas, con el cuerpo de Coca Cola y el sabor de Pepsi, paseando por el parque. Lucían en todo su esplendor. El sol agobiante de la capital invita a refrescarnos, a comer un helado o degustar una rica cremolada sabor a fresa salvaje.
Siempre me gustó el verano. Pese a que ahora hace más calor, lo prefiero antes que a la Lima gris y húmeda. Hace poco tuvimos días de intensa llovizna, pero creo que sirvió para matizar la semana. Después del diluvio, el sol apareció. En la vida siempre hay un despertar, un renacer. Todos los días puede salir el sol en ti.
Sobre cuánto puede cambiar el clima en la actitud de una persona, basta con ver a la gente en la calle. Familias enteras saliendo a pasear con sus hijos. Hasta el perrito va feliz de la vida con sus amos. Hace poco me comentó un amigo que él puede estar inmerso en una gran depresión solo porque no salió el sol. “No me siento igual, como que me faltan pilas”, expresó.
Justo a propósito de esa conversación nos fuimos a un karaoke para respirar aire de sábado por la noche. Esta vez, tenía pila para rato mi chochera. Nos quedamos embelesados con una mujer de hermosa voz que interpretaba las mejores baladas románticas de los setenta.
En estos locales la gente se va a distraer, pero en el fondo tienen mucho de artista escondido. ¡Qué voces! Quedé gratamente sorprendido también con un caballero que entonaba los temas de José José como los dioses. Los de Camilo Sesto le salían de igual forma. Esta música nunca pasa de moda y sigue cautivando a muchos. Durante la velada tampoco faltó temas de Leo Dan, José Luis Perales y Roberto Carlos.
Hace años dije que la nueva ola es un tsunami en el mar del amor, hoy lo ratifico y me sumerjo en sus aguas.
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