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Ana María Silva, creadora de contenido, sobre el reto de comunicar salud con empatía

Construir presencia digital tiene una curva técnica que todos conocen. Ana María Silva, pediatra y creadora de contenido médico, habla de la que nadie anticipa.

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Ana María Silva, creadora de contenido

Aprender a publicar es la parte fácil.

Tiene tutorial. Tiene ejemplos. Tiene alguien que ya lo hizo antes y lo explica en quince minutos. Lo que no tiene tutorial es lo que viene después, cuando los números empiezan a moverse y aparecen cosas que nadie anticipó porque nadie las había nombrado.

Ana María Silva lo sabe desde adentro. Construyó presencia digital sin un manual que describiera exactamente lo que iba a encontrar. Lo técnico lo fue resolviendo mientras hacía. Lo que no anticipaba era otra cosa.

El primer desafío que nadie menciona es el peso de la responsabilidad cuando la audiencia crece. En medicina ese peso tiene una dimensión específica que no existe en otros contenidos. Una familia que lee lo que publica un pediatra puede tomar una decisión clínica basada en eso. No como metáfora. Literalmente.

"No somos creadores de contenido. Somos traductores de ciencia", dice Ana María Silva.

La distinción no es semántica. Define el nivel de rigor con que hay que tratar cada publicación. Un creador de contenido puede corregir si se equivoca. Un médico que comunica en digital carga con la misma responsabilidad ética que en el consultorio, solo que a una escala que el consultorio no tiene.

El segundo desafío es más silencioso. Dos pediatras españoles con amplia presencia digital lo describieron en una entrevista publicada en 2025 en el portal Médicos y Pacientes con una precisión que Silva reconocería: "nuestro papel no es solo corregir bulos, sino traducir la medicina a un lenguaje humano, cercano y honesto. La confianza no se construye desde la superioridad, sino desde la empatía, la transparencia y la coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos."

Eso no se improvisa.

Madre de cuatro hijos, pediatra colombiana con años de consulta clínica detrás, Silva habla de la empatía no como valor abstracto sino como habilidad construida desde la experiencia real. Saber lo que siente una familia cuando algo no encaja con su hijo cambia cómo se comunica la información. Cambia el tono, el vocabulario, el orden en que se presentan las ideas. Un médico puede saber exactamente qué decir y comunicarlo de una forma que no llega porque no tiene en cuenta el estado emocional de quien lo recibe.

Eso también es parte del trabajo.

El tercer desafío, dice Ana María Silva, es aprender a sostener el criterio cuando el contenido escala. Los aplausos llegan. Las críticas también. Y ninguno de los dos dice la verdad completa sobre lo que uno está construyendo. Lo que importa no es la métrica de una publicación sino si la información que contiene es rigurosa, útil y accesible para la familia que la necesita a las once de la noche.

Ana María Silva no presenta esto como advertencia. Lo presenta como parte del oficio. Un oficio que las facultades de medicina no enseñan y que un médico que decide comunicar su conocimiento aprende, en gran medida, mientras lo hace.

La curva técnica es corta.

La otra es la que dura.

SOBRE EL AUTOR:

Periodista licenciada de la Universidad Tecnológica del Perú. Más de 5 años de experiencia en redacción SEO y estrategias para redes sociales. Interesada en temas sociales y de entretenimiento. Apasionada por la lectura y música.

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