
La civilización fenicia o fenicio-púnica se desarrolló en las costas de las actuales Israel, Siria, Líbano y Palestina, una región llamada antiguamente Canaán, como figura en los textos bíblicos.
Aunque se llamaban a sí mismos “canaaneos” (kena’ani), el nombre con el que los conocemos proviene del que les daban los griegos: phoínikes, esto es, “rojos” o “púrpuras”, porque se dedicaban principalmente al comercio de tintes y de vinos.
Los fenicios no dejaron gran evidencia de su paso por el mundo, quizá porque eran una civilización de comerciantes marítimos con poco arraigo excepto por sus barcos. Su poderío comercial eventualmente llamó la atención o la envidia de sus Imperios vecinos.
Su alfabeto fue adoptado los griegos para sí mismos, y sirvió de base para las tradiciones latina, árabe y cirílica también.
Fenicia fue una sociedad mercantilista. Por eso, se dice que los fenicios fueron creadores de las empresas industriales, navieras, constructoras y comerciales.
Utilizaron a fines del tercer milenio a.C. la escritura cuneiforme, en tablillas de arcilla, por influencia de Babilonia.
Luego, los jeroglíficos en el papiro, por influencia egipcia.
La necesidad de comunicarse con otros pueblos y la de poder mantener su imperio comercial, los llevó a crear un alfabeto compuesto de 22 signos, que representaban sonidos elementales de la voz humana, con los cuales podían escribir cualquier palabra.
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