
Por Carlos Lara Porras
El manto sagrado o la piel que caracteriza a cada selección en la historia de los mundiales ha tenido episodios bastante llamativos. Más de una de selección tuvo que cambiar su diseño tradicional por diversas circunstancias, lo cual, sin embargo, les trajo suerte.
El calor y la humedad en México DF era una preocupación para Carlos Bilardo, DT de Argentina en el Mundial 1986. El DT pidió a la marca que vestía a la selección unas camisetas livianas y con poros.
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La casaquilla albiceleste reunió el pedido del Narigón, mas no la alternativa (azul) con la que jugaron ante Uruguay. “Pesa mucho”, dijo Bilardo, quien un día antes del duelo con Inglaterra mandó a buscar un juego de camisetas livianas.
Tras recorrer por varias tiendas, el jefe de equipo, Rubén Moschella, llegó a la concentración con dos modelos. Ninguna le gustó a Bilardo, pero apareció Diego Maradona y dio su visto bueno.
Pero las camisetas no tenían el escudo de la AFA ni números. De urgencia se cosieron los escudos y los números que se pusieron eran brillosos de fútbol americano.
Con esa camiseta Argentina ganó 2-1 a Inglaterra, con doblete de Maradona.
Desde que Brasil empezó a jugar en 1914, usó la camiseta blanca, al igual que el resto de su uniforme. Pero eso llegó a su fin el 16 de julio de 1950 cuando el Scratch perdió 2-1 con Uruguay en el famoso Maracanazo.
La casaquilla fue considerada de mala suerte y el diario Correio da Manha, junto con la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), lanzó un concurso para diseñar la nueva chompa. La elegida fue una amarilla con ribetes verdes, la cual perdura hasta hoy, y fue estrenada en 1954 en un amistoso contra Chile.
Pero para la final del Mundial del 58, Suecia, por ser local, vestiría de amarillo y Brasil tendría que usar una alterna. Ni locos pensaron en la blanca y compraron un juego de camisetas azules, el color de Nuestra Señora Aparecida, santa patrona de Brasil, con la cual lograron su primer título mundial al vencer a los nórdicos por 5-2 con dos goles de Pelé.
Tras vencer a Escocia en su debut en Italia 90, Costa Rica cambió su clásica camiseta roja por una de franjas negras y blancas, similar a la de Juventus para enfrentar a Brasil en Turín.
¿La razón? El DT Bora Milutinovic tuvo la idea de que sus dirigidos luzcan esa casaquilla para recibir el apoyo de los hinchas de la Vieja Señora.
El partido fue favorable para el Scratch por 1-0. En el siguiente encuentro, los ticos mantuvieron la camiseta blanquinegra ante Suecia, a la que vencieron 2-1, con lo cual clasificaron a la siguiente fase.
En el Mundial de Argentina 78 se iban a enfrentar, en Mar del Plata, Francia y Hungría, por el grupo 1, pero ambos equipos tenían camisetas blancas, debido a que recibieron una notificación de la FIFA para que luzcan ese color por la televisión, ya que en gran parte del mundo las imágenes eran en blanco y negro.
Los galos tenían sus camisetas azules en Buenos Aires y la utilería, a bordo de un patrullero, acudió al Club Atlético Temperley de la ciudad, que les prestó sus camisetas de franjas verde y blanca, con la que ganaron 3-1 a los magiares.
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En estos tiempos es difícil, por no decir imposible, que suceda algo así. Sin embargo, en los casos mencionados en esta nota, el cambio de piel, por coincidencia, fue para bien. Los nuevos colores les trajeron suerte y algunas selecciones hasta hoy los mantienen y han hecho de ellos, su símbolo de calidad.
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