
El verano todavía no se va y el mar sigue siendo el mejor plan. A poco más de 40 kilómetros de la capital, el histórico balneario de Ancón reaparece como una de las alternativas favoritas para quienes buscan playa sin alejarse demasiado de Lima.
Sombrillas alineadas frente al mar, toallas extendidas sobre la arena y familias completas disfrutando del sol dibujan la postal del fin de semana en el norte chico. Desde temprano, el movimiento se concentra en Playa Hermosa, la más amplia y concurrida de la bahía.
Niños que se resisten a salir del agua, grupos de amigos organizando juegos improvisados y adultos que prefieren conversar bajo la sombra forman parte de la escena.

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Para muchos visitantes, evitar el tráfico hacia las playas del sur es determinante. Ancón ofrece cercanía y acceso relativamente rápido desde distintos puntos de la capital.
El trayecto, de poco más de 40 kilómetros, permite planificar una salida corta sin necesidad de madrugar en exceso. La experiencia empieza desde el camino y continúa al llegar al malecón, donde la brisa marina y el ambiente familiar marcan el ritmo del día.
El mar presenta zonas tranquilas ideales para nadar y otras con mayor movimiento para quienes prefieren sentir la fuerza de las olas.
Aunque Playa Hermosa concentra gran parte de los veraneantes, la bahía de Ancón cuenta con hasta ocho playas que permiten elegir según el plan del día.
Hay espacios más amplios para grupos numerosos y zonas más reservadas para quienes buscan tranquilidad. Esta diversidad convierte al balneario en un punto adaptable a distintos públicos.
Las escenas se repiten: reencuentros de amigos, caminatas familiares por la orilla y visitantes que regresan después de años para redescubrir el lugar.
Desde el muelle parten embarcaciones que recorren la bahía durante aproximadamente una hora. El paseo permite observar casas frente al mar, yates y catamaranes anclados en sectores privados.
Durante el trayecto, pelícanos sobrevuelan el agua y se posan en las formaciones rocosas que rodean la costa. La combinación de naturaleza y arquitectura ofrece una perspectiva distinta del balneario.
Las anconetas, triciclos que recorren el malecón, forman parte del sello distintivo del distrito. Con más de 60 años de historia, siguen trasladando visitantes a lo largo del paseo marítimo.
El recorrido es breve, pero permite disfrutar del paisaje costero mientras el conductor pedalea a ritmo constante. Para muchos turistas, es una parada obligatoria dentro del itinerario.
Las raspadillas de fresa, menta o mango se mantienen como uno de los clásicos del verano. Los puestos familiares continúan ofreciendo este refresco tradicional que acompaña el recorrido por la arena y el malecón.
A lo largo de la tarde, no faltan dinámicas improvisadas, música y encuentros espontáneos que animan el ambiente hasta la caída del sol.
Cuando el sol comienza a descender, algunos optan por un último ingreso al mar. Otros prefieren caminar por la orilla o capturar fotografías de la puesta de sol.
A pocos kilómetros de Lima, Ancón combina playa, tradición y actividades al aire libre en un mismo espacio, consolidándose como una opción cercana para quienes desean despedir la temporada frente al mar.
Periodista especializada en actualidad y tendencias. Bachiller en Periodismo en la Universidad Jaime Bausate y Meza. Redactora en Popular. Interesada en temas relacionados con actualidad nacional e internacional, virales en tendencia y más.