
Integrantes de las rondas urbanas irrumpieron en un prostíbulo y tras azotar a las mujeres y parroquianos que se hallaban, quemaron los muebles y artefactos del local.
Ocurrió de madrugada. Esta vez, los ronderos llegaron al barrio de Santa Elena y atacaron al night club Ula Ula, cuyas puertas abrieron con barretas y patas de cabra.
El día anterior ingresaron por la fuerza al local Alondra y castigaron con binzas (látigos) a las damas de las noche así como a sus acompañantes.
CALLEJÓN OSCURO
Antes de proceder con el castigo, las mujeres fueron obligadas a gritar su nombre y lugar de procedencia. Luego pasaron por una especie de callejón oscuro, en el que recibieron azotes de parte de hombres y mujeres.
Los gritos de las damas, que apenas pudieron cubrirse, se escuchaban hasta la calle. Vanos fueron sus súplicas y llantos para no recibir el castigo. La mayoría eran de Chiclayo y Trujillo.
Pero el castigo físico no contentó esta vez a la ronda, que sacó a la calle licores, muebles, equipos de sonidos, televisores y luces sicodélicas y les prendió fuego.
Luego los mismos ronderos debieron apagar las llamas, pues el fuego que iniciaron estuvo a punto de comenzar un incendio.
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