Muerte de Hugo Chávez: Ataúd paseado no contenía sus restos

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Durante el largo cortejo fúnebre del miércoles, los venezolanos que llenaron las calles de Caracas lloraron ante un féretro en el que no iba el cuerpo de Hugo Chávez.

Es la versión de varios militares conocedores del dispositivo de traslado, que aseguran que el cadáver del presidente venezolano fue transportado de Cuba a Fuerte Tiuna, complejo de Defensa donde se encuentra la Academia Militar.

El “cambiazo” se produjo en el sótano de esa institución, cuando llegó allí el falso féretro al término de la procesión. En ese momento las cámaras lo perdieron de vista.

¿MURIÓ EN CUBA?

La versión de esos militares, comunicada al diario ABC, confirma la información de que Chávez murió en Cuba y no en Caracas. “Querían mostrar un baño de multitudes con un claro interés político, permitiendo que la gente pudiera hasta tocar el féretro, el falso, sin poner en riesgo la integridad física del verdadero; no iban a permitir que este, por lo que fuera, se cayera, cuando parte de su estructura interna es de vidrio”, indica una persona.

SEGURIDAD ESTRICTA

De hecho, tras producirse el cambio en el sótano de la Academia Militar, la seguridad alrededor del ataúd pasó a ser estricta. Después que Chávez falleciera, el cadáver fue llevado por la noche al aeropuerto de La Carlota, la Base Aérea Generalísimo Francisco de Miranda. Esta se encuentra más cerca de Fuerte Tiuna.

De allí fue conducido al Hospitalito, el centro médico de ese complejo castrense. Allí se abrió el féretro, se revisó el estado en que había llegado y se decidió vestirlo con uniforme militar. El miércoles el ataúd fue transportado al sótano de la Academia Militar.

EL FÉRETRO VACÍO

Un féretro similar, vacío o con algún peso en su interior, fue llevado al Hospital Militar, de donde el miércoles por la mañana partió la procesión popular. Cuando esta llegó a la Academia, durante un rato la señal televisiva perdió de vista el ataúd. La excusa fue que había que quitarle las flores y otras cosas que el pueblo había arrojado.

El que surgió de nuevo ante las cámaras, en hombros de militares y otras autoridades, era el ataúd verdadero, que luego se abriría en la capilla ardiente.

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