
Manuel TovarJUNÍN. Marcelina Pucuhuaranga de Tejeda tiene el corazón orgulloso. Su hija famosa, Gladys, le ha hecho inflar el pecho de alegría y derramar lágrimas de felicidad con la medalla de oro que consiguió en la maratón de los Juegos Panamericanos de Toronto 2015.Al mismo tiempo, la mujer de 73 años está muy preocupada porque tiene a otra de sus herederas, Rosario, con la salud inestable e internada en el hospital.Doña Marcelina está pendiente de las dos, para las dos tiene tiempo, cariño, palabras de aliento.Eso sí, la campeona le ha transmitido, como dice, tranquilidad y satisfacción; pero la salud de Rosario les preocupa a las dos, tanto que Gladys, afirma, ha corrido la maratón no solo contra varias decenas de rivales, sino con la preocupación de saber que su hermana lucha por sanarse en una cama lejos de donde hoy se encuentra.—¿Qué pensó cuando su hija cruzó la meta, señora Marcelina?—Me puse contenta porque mi hija estaba dando una gran alegría a todo el Perú (llora).—Bueno, señora, esas lágrimas son de felicidad, qué mejor... —(Se queda callada y es consolada por sus hijos varones y nietos que la acompañan). Nadie sabe que todo este tiempo Gladys se la ha pasado entrenando pero también muy preocupada por la salud de su hermana mayor, si hasta pensamos que llegaría mal a la competencia y no ganaría... Pero ha ganado aún con esa pena, ha llegado primera.—¿Qué es lo que pasa con su hija mayor?—Antetodo (habla su hijo José esperando que su mamá calme de llorar) le dijimos a Gladys que solo se enfoque en ganar la medalla y que no se preocupe de Rosario que...—¿Qué ha pasado, señora? (Le preguntamos notando que quiere volver a hablar, y responde ya más tranquila).—Sucede que mi hija Rosario está mal de salud. Ella está internada en el hospital de EsSalud de la Oroya, pero esperamos que se recupere pronto.NACIÓ PARA TRIUNFARDoña Marcelina pide, por favor, que ya no quiere hablar del tema, que no quiere preocupar más a Gladys, que aún está en Toronto para participar el jueves en los 10 mil metros.—Bueno, entonces hablemos de Gladys. Como se dice, nació para ser campeona...—Creo que desde que estaba en la barriga. Ella es la última de mis hijos (son nueve). Es la engreída de la casa y se le consentía todo a pesar de la pobreza. El día que nació, el 30 de setiembre de 1985, fue muy hermoso para nosotros.—¿Es persistente en sus cosas siempre?—Pasó toda su niñez corriendo. Todas las mañanas acompañaba a su padre (agricultor y ganadero) a ver los animales. En algunas ocasiones no le gustaba montarse en el caballo, sino que iba detrás de él. Es una mujer dura y fuerte. Alcanzó una buena resistencia porque corría bordeando los lagos y ríos, soportando incluso las bajas temperaturas.PASOS GIGANTES—¿ Lo hacía sin zapatillas?—Lo hacía descalza, por eso sus pies crecieron grandazos. Ella era la encargada de guardar los animales en el corral y luego se ponía a correr. Y nosotros le esperábamos con su comida—¿Es verdad que una vez no pudo ganar una cocina en una competencia?—Sí. A nosotros nos faltaba en casa una cocina, que era el premio al ganador. Pero como sus zapatillas estaban viejitas no pudo participar. Yo le dije que en algún momento tendría su revancha. Ahora ella, con sus participaciones, me ayuda a tener cosas en la casa.—¿No ha cambiado?—Para nada, sigue siendo humilde. Ella tiene mi coraje, pues soy una mujer que a la muerte de mi esposo luché sola por mis hijos.—¿Qué otros momentos recuerda de la carrera de Gladys como atleta?—Una vez ella estaba fuera del país y tuve que asistir a una ceremonia para recibir un premio que le habían designado. Es la Orden al Mérito de la Mujer 2015.— El jueves va a correr los 10 mil metros, ¿no?—Sí, y todos vamos hacer fuerza para que pueda lograr una medalla más. Ella me ha prometido que hará todo el esfuerzo para ganar otra vez. Ojalá se sane también mi hija que está en el hospital.
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