
Los delincuentes, a través de Maruja Condori (36), esposa de Félix, ofrecían a menores de edad, en Puno, trabajar en panaderías de Lima, donde además de sueldo les darían techo y comida. Sin embargo, en la capital, los pequeños eran encerrados en un cuartucho de la Mza A, lote 1, fundo Barbadillo, en Ate-Vitarte. En ese lugar, las criaturas -cuatro niñas y un varón- dormían sobre cartones en el suelo, y en el mismo lugar preparaban canchita blanca y dulce, y panes en una cocina artesanal, expuestos al humo y a un posible incendio.
Los menores de iniciales V. C. C. (15), M. V. P. G. (17), M. T. A. (17), M. G. M. (17) y J. F. M. M. (15) se turnaban para cocinar y salir a vender, en jornadas que se iniciaban a las 6:00 am y terminaban después de la medianoche. Los desalmados sujetos vivían en otro lugar, y levantaban a golpes a los niños para obligarlos a laborar. Se supo que los canallas solo les daban pan y agua de desayuno y solo comían una vez al día, casi siempre un arroz sin presa. Esta práctica la realizaban desde el año pasado y, hace solo un mes, con los mismos engaños trajeron a un niño de 15 años. Todos los menores estaban sucios y piojosos. Casi no salían del cuartucho y serán llevados al médico legista con el fin de establecer las evidencias de torturas y posible violación.
Chibola les tiró dedo
Una de las menores, cansada de los abusos y porque nunca les pagaban ni un sol, fue a reclamar a la comisaría de Ate-Vitarte, lo que motivó la inmediata intervención de la Policía, al mando del comandante Aldo Flores. Los primos negaron haber esclavizado a los pequeños, pero éstos insistieron en su versión inicial. Las criaturas, hasta que se ubique a sus familiares en Puno, serán depositados en el centro preventivo de menores.
Carmen Muñoz
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