
María del Carmen Ordóñez Loor (18), Bárbara del Mar Morales Chávez (20), Mariella Rocío Castillo Bone (24), y las menores M. T. Z. P. (14) y F. V. O. G. (12) llegaron hace un año al burdel.
Los proxenetas "vendían" sus favores sexuales a parroquianos, estibadores y malandrines. Se supo que Cristóbal Andrade Espinoza, padre de una de las niñas, llegó a Lima y denunció que su hija fue secuestrada en Ecuador y obligada a prostituirse en San José.
La operación de rescate fue ejecutada por agentes de la División de Secuestros, quienes incursionaron en el hotelucho, donde otras decenas de mujeres venden sus cuerpos en cuartos que huelen a perfumes y orines. La Policía informó que la mafia era dirigida por los ecuatorianos José Pérez Salas "Joselo", Alberto Salas y el peruano conocido como "Chino Víctor", quienes se dieron a la fuga.
La ecuatoriana Mariella Castillo, quien tenía un DNI falso, fue acusada de secuestrar con engaños a las menores que, ya en Lima, con amenazas eran obligadas a prostituirse.
Tombos pedían la suya
Según vecinos del burdel y comerciantes de La Parada, policías uniformados llegaban en las noches a San José y descaradamente cobraban cupos a las ecuatorianas para que puedan "trabajar" sin ser detenidas, pues ellas se encontraban en calidad de ilegales. Se supo que era vox populi que habían dos niñas ecuatorianas que se dedicaban al meretricio. Se tuvo que esperar la denuncia del padre ecuatoriano para realizar el rescate.
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