
La Semana Santa en Lima es para miles de fieles una intensa peregrinación al Cerro San Cristóbal, en el distrito del Rímac.Mientras la Procesión del Señor de los Milagros seguía en la Catedral de Lima en el sermón de las Siete Palabras, una multitud de creyentes se volcó a una larga caminata para llegar a la cima del Cerro San Cristóbal.
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Llegar a pie a la cima del Cerro San Cristóbal en Semana Santa puede ser un verdadero Vía Crucis. Entre ambulantes de estampitas variopintas, vendedores de platos de comida típica, decenas de ofertas de vasitos pisco sour y botellas de refrescante cervezas, los fieles recorrieron cada tramo con el único fin de renovar su fe y hacer sus peticiones a la emblemática cruz que está en la cima.
Los ambulantes, entre ellos varios llegados de las provincias más recónditas de Lima, se apostaron desde el Jueves Santo. "Espero vender más estampitas que el año pasado. Los policías nos han desalojado de la parte de arriba", expresó una vendedora de artesanías.
Es inevitable que tantos ambulantes de comida y los comensales dejen desperdicios a lo largo del trayecto.
A pesar de ser Viernes Santo un día de reflexión, varios jóvenes aplacaron la sed en cada tramo del Cerro San Cristóbal con una botella de licor. Tampoco faltaron los negociantes que le sacan provecho a los bebedores y les vendieron botellas y vasos de pisco.
Por momentos, la presencia policial no puede controlar a la mayor multitud que empezó a llegar desde 1 de la tarde. Mientras unos pocos fieles bajaban, otras miles de personas subían bajo el sol sofocante. Escalan el cerro por sus propios medios, incluso por lugares donde no hay camino sino pendientes de rocas inestables. Una joven no resistió más cuando llegó a la cima y sufrió una descompensación, por lo que socorristas de Defensa Civil la bajaron en camilla.
Con una imponente cruz luminosa de 20 metros de altura, el Cerro San Cristóbal está ubicado a 408 metros sobre el nivel del mar, en el tradicional distrito del Rimac.
La historia narra que cuando Manco Inca encabezó la frustrada toma indígena en Lima, Francisco Pizarro, colocó una cruz de madera en la cúspide del cerro dedicándosela a San Cristóforo o Cristóbal con el propósito de que pudiese resguardar la ciudad.
Con el transcurrir del tiempo, la cruz fue cambiada por otra de hierro, la misma que fue retirada, años después por su deterioro. Hasta que en el año 1927, el sacerdote franciscano descalzo Francisco de Aramburu preparó una peregrinación al cerro, gestionando además la construcción de una cruz de hierro y cemento totalmente iluminada ante el entonces presidente Augusto B. Leguía.
En la cima del Cerro San Cristóbal también se encuentra ubicado un museo de sitio, cuyos atractivos principales, lo conforman fotografías de la Lima de antaño, la documentación histórica de la primera cruz y el cerro, y las representaciones en cemento de personajes típicos como la tapada, la chichera, entre otros.
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