Callao: La selva de cemento reinada por la delincuencia y el crimen

Dos asesinatos en fila. Primero Angel Veliz fisicoculturista campeón conocido como “El Espartano”, dos días después le pasó lo propio a su amigo Miguel Angel Flores, también amante de las pesas, abogado y a quien acribillaron dentro de su auto. Los dos casos en el mismo lugar: el Callao, ahora convertida en la selva de cemento como dice la letra de Juanito Alimaña, la salsa de Héctor Lavoe.

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El delito y el crimen no se detienen en el Callao.
El delito y el crimen no se detienen en el Callao.

Por Omar Farfán

Dos asesinatos en fila. Primero Angel Veliz fisicoculturista campeón conocido como “El Espartano”, dos días después le pasó lo propio a su amigo Miguel Angel Flores, también amante de las pesas, abogado y a quien acribillaron dentro de su auto. Los dos casos en el mismo lugar: el Callao, ahora convertida en la selva de cemento como dice la letra de Juanito Alimaña, la salsa de Héctor Lavoe.

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No hay policía ni autoridad que pueda frenar la ola de violencia en el primer puerto. Los sicarios y sus patrones son los dueños de la calle. Consiguen armas de corto y largo alcance como si fueran a comprar un par de caramelos en la tienda. A cada momento salen embarcaciones hacia Panamá y Europa cargadas de droga y mientras tanto los agentes de seguridad siguen buscando a los responsables.

Todos nos preguntamos cómo hacen las bandas delictivas en el primer puerto para conseguir con facilidad las armas que utilizan para los asesinatos. ¿Habrán tantos malos policías metidos en esta mafia?¿cuánto reciben por cada arma que entregan a las mafias? Vemos cada cierto día a los jefes policiales presentar a grupos de delincuentes con las armas que incautan, pero todo indica que con eso no basta.

Familias enteras siguen llorando a sus parientes asesinados y no encuentran una respuesta a lo sucedido. La Policía hace su trabajo pero con eso no alcanza. El Ministro del Interior, José Luis Pérez Guadalupe, ya no es el la autoridad que iba a imponer reglas contra la inseguridad, ahora se le escucha poco o nada. Parece que su trabajo terminó con la caída de Gerald Oropeza y cada vez el puerto se sigue tiñendo de sangre.

Estamos a puertas del fin de otro gobierno y la delincuencia le sigue ganando terreno al país. Lo del Callao es un descontrol total. En San Juan de Lurigancho crecen las mafias de cobro de cupos y no tienen quién los detenga. Los robos a mano armada están a la orden del día en cualquier lugar. En provincias los asaltos y crímenes por encargo son el pan de cada día. Sí, la calle es una selva de cemento y de fieras salvajes.

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