Albina Ruiz: Una emprendedora social

Albina Ruiz llegó a Lima a los 16 años. Quería ser ingeniera pero antes fue ambulante. Aquí, en la ciudad, conoció la basura. En su Moyobamba natal todo era reutilizable (incluso el excremento servía de abono). Quería devolvernos el orden, la limpieza y creó Ciudad Saludable. Hoy es la mayor aliada de los recicladores del Perú y de distintas partes del planeta.

Sonriendo junto a su equipo. Albina cree con firmeza que el progreso se alcanza trabajando con objetivos comunes y mejorando vidas.

Sonriendo junto a su equipo. Albina cree con firmeza que el progreso se alcanza trabajando con objetivos comunes y mejorando vidas.

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Redactor: El Popular31 Ene 2020 | 15:38 h

Por: Antonio Orjeda

Fotos: Claudia Alva

Albina Ruiz llegó a Lima a los 16 años. Quería ser ingeniera pero antes fue ambulante. Aquí, en la ciudad, conoció la basura. En su Moyobamba natal todo era reutilizable (incluso el excremento servía de abono). Quería devolvernos el orden, la limpieza y creó Ciudad Saludable. Hoy es la mayor aliada de los recicladores del Perú y de distintas partes del planeta.

—Llegó a Lima en 1975, vivió en una casa de esteras.

—Sí, en El Agustino.

—Hoy viaja por el mundo, recibe premios. Incluso uno se lo entregó Bill Clinton, ex presidente de EEUU. 

—Es fruto del reconocimiento a un equipo, porque un emprendedor social es nada sin su equipo de trabajo. 

Eso lo aprendí de pequeña. Mi padre, desde siempre, nos enseñó a los diez hermanos a trabajar en equipo.

UNA HISTORIA DIFÍCIL

—Dos años después de haber llegado, ingresó a la UNI. 

—Ingresé, mi padre falleció, y entonces me tocó aprender todas esas cosas para las que no te prepara nadie. Casi todos mis hermanos ya estaban aquí, vivíamos en un pueblo joven, en Independencia. Mi mamá estaba mal. Un hermano que vivía en Puno se la llevó, y yo tuve que mantener a toda la familia.

Dejé la universidad. Además tenía que mantener a mi hija. “¿Qué hago?”, me pregunté. Me puse a vender pescado. Me iba a las 4:00 de la mañana al terminal pesquero. Solo sacaba para comer. 

En mi casa esperaban mi hija y mis hermanos. Entonces fue que dije: “Albina, ¿qué te pasa? Cuántos ciclos de universidad has estudiado, ¡tú puedes hacer otras cosas!”. 

—¿Qué hizo?

—Vendí cosméticos. Llegué a tener a varias vendedoras a mi cargo. Mi primera sabanita decente –de algodón– fue un premio por mis ventas.

—Si le iba bien, ¿por qué volvió a la universidad?

—Porque yo vine aquí para ser ingeniera. 

TESIS FUE LA CLAVE

—Vino y conoció algo que no había en su selva: la basura. Le impactó tanto, que la convirtió en su tema de tesis.

—Sí. En noveno ciclo el profesor de Ingeniería de Métodos nos mandó a medir la productividad. Le dije a mis compañeros: “Vámonos a El Agustino a medir la productividad de un camión de basura”. 

Yo quería entender qué pasaba, por qué había tanta basura en el distrito.

—¿Qué descubrió?

—Que la municipalidad solo tenía camiones, que ninguno podía entrar –por ejemplo– al pasaje angosto en el que yo vivía, tampoco al cerro 7 de Octubre, y que eso a nadie le importaba. Mandaban el camión y punto.

¿Qué más? No había ruta de recojo. 

Cuando sustentamos, invité a una regidora. Se enteró de todo lo que habíamos descubierto: el robo de gasolina… También planteamos mejoras. Nos pusieron la mejor nota y la regidora nos llevó con el alcalde. Me contrató.

—Fue tan exitosa su gestión, que la fichó el municipio de San Martín de Porres. Un distrito mucho más grande.

—Uf, entonces tenía ¡un millón de habitantes!

—Usted no tenía idea de lo que era el reciclaje.

—Ni de reciclaje ni de microempresa. Lo único que sabía era que teníamos que limpiar el distrito al menor costo y llegando a donde no se solía llegar.

PENSAR EN GRANDE

—¿Cómo así creó su ONG?

—El 95 trabajaba en la ONG Alternativa creando microempresas, y pensé: “Si quiero hacer cosas grandes, tengo que conseguir que gente grande invierta”. 

Le escribí a Usaid (la agencia de EEUU para el desarrollo internacional), y decidió invertir. Abrimos microempresas en Ancón y en Ventanilla.

—Solemos creer que solo consiguen ayuda los que tienen contactos.

—¡A mí no me conocía nadie! Pero, igual les escribí.

—Su único respaldo era la labor que venía realizando.

—¡Exacto! Yo creía en lo que hacía, y les mandé nuestros folletos y el jefe de Medio Ambiente me escuchó. 

Así fue que Ashoka (la ONG que congrega y promueve a los emprendedores sociales de todo el mundo) dio conmigo. Me dijeron: “Crea tu organización”. 

Yo no quería ser una ONG, había trabajado en varias, visto que los directores no trabajaban, que éramos otros los que nos sacábamos el ancho. No había buen manejo del dinero, y yo no quería eso. “Tú puedes hacer una organización diferente”, me dijeron. Y hablé con mis colegas.

POR UN PAÍS LIMPIO

—A través de Ciudad Saludable promueve la organización de empresas de recicladores.

—Si queremos limpiar el país, a un menor costo y a través de un servicio que sea sostenible en el tiempo, la única forma es a través de los recicladores.

—No solo con camiones de basura.

—Son necesarios solo para transportar los excedentes, porque el 55% de los residuos del país es orgánico. 

Deberíamos tener plantas de compostaje (de producción de abono orgánico), que debería ser la materia prima para la agricultura.

Sin embargo, seguimos importando insumos, comprando productos químicos… El 25% de los residuos es recuperable. ¡Hay que recuperarlo! Pero no en botaderos ni en condiciones infrahumanas donde, además, el papel ya se mojó, el plástico ya se ensució y vamos a necesitar más agua para lavarlo. 

Tenemos que hacer una recolección selectiva, promoviendo que en nuestras casas, empresas, colegios, separemos los residuos.

SÍ SE PUEDE 

—¿Con cuántos alcaldes ha hablado?

—Con más de cuatrocientos. Trabajamos a conciencia con unos cincuenta. En el Perú hay 108,594 familias de recicladores esperando tener empleo digno. 

—El modelo de Ciudad Saludable está siendo replicado en países de América y Asia. ¿Qué se siente?

—¡Que se puede! Cuando me entero de que detrás de cada recicladora hay una historia tristísima –de sufrimiento, maltrato–, y que sin embargo son capaces de sonreír, de pelear por lo suyo, digo: “Carajo, ¡eso somos!, gente capaz de salir adelante”.

“EL ÉXITO NO ES TENER DINERO”

—Es reconocida en el mundo pero no es una mujer de dinero. Solemos vincular el éxito con el billete.

—El éxito no es tener dinero, es sentirte bien y saber que puedes hacer que otros también se sientan bien. Éxito es saber que ahora otros también viven con dignidad, pueden sonreír, tienen una oportunidad.

—Uno de los premios recibidos por su labor se lo entregó nada menos que la actriz Angelina Jolie. 

—He aprendido que la apariencia o la vestimenta no te hacen diferente. Lo que marca la diferencia es lo que llevas dentro. Nuestro lema es: “Desde la basura, cambiando mentes y corazones”. No queremos que el reciclador que ahora gana más, use ese dinero en más licor, si no en mejorar su vivienda, en la educación de sus hijos.SEPA MÁSSi desea saber más, visite la página oficial de Mujeres Batalla:  http://www.mujeresbatalla.pe/

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